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Historia

Un paquete de chicles de 67 centavos: La historia del primer código de barras escaneado en un TPV

👤 Redacción Técnica 📅 Publicado: septiembre 24, 2026 ⏱️ Lectura: 10 min
Un paquete de chicles de 67 centavos: La historia del primer código de barras escaneado en un TPV

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El «¡BEEP!» que cambió el comercio para siempre: 8:01 AM, 26 de junio de 1974

Hoy pasamos cualquier artículo sobre el cristal de una caja registradora en una fracción de segundo y ni pestañeamos. Sin embargo, hace medio siglo, ver cómo una línea de luz roja leía el precio de un producto sin teclearlo era considerado auténtica magia de ciencia ficción. Esta es la historia del paquete de chicles de 67 centavos que dio origen al punto de venta moderno.

Eran exactamente las 8:01 de la mañana del miércoles 26 de junio de 1974 en el supermercado Marsh Supermarket de Troy, una tranquila localidad de Ohio (EE.UU.). El primer cliente de la fila, Clyde Dawson (director de investigación y desarrollo de la propia cadena de supermercados), empujó su carro hasta la caja número 4.

Al otro lado del mostrador le esperaba Sharon Buchanan, una cajera de 31 años que llevaba semanas ensayando ante cámaras de televisión y directivos de grandes multinacionales. Dawson sacó un único artículo de su cesta: un paquete amarillo de chicles Wrigley’s Juicy Fruit de 67 centavos.

Sharon tomó el paquete y lo deslizó sobre una ventana de cristal enrasada en el mueble de caja. Un haz fino de luz láser rojo carmesí barrió el envoltorio. Al instante, un agudo «¡BEEP!» resonó en el supermercado, la pantalla de fósforo verde mostró «0.67» y la impresora emitió el ticket de compra. La era analógica del comercio acababa de morir; nacía la era digital del retail y del control de inventario en tiempo real.

💡 ¿Por qué precisamente un paquete de chicles?

No fue una elección casual ni un antojo de última hora. Durante meses, los escépticos de la industria afirmaban que los códigos de barras jamás funcionarían en la vida real porque era imposible imprimir barras con suficiente definición en envoltorios pequeños, arrugados y metalizados. Clyde Dawson decidió retar al sistema: «Si el escáner es capaz de leer un paquete de chicles arrugado y diminuto, podrá leer cualquier producto de la faz de la tierra». Y funcionó al primer intento.

El origen secreto: de los dedos en la arena de Miami a la desesperación de un tendero

Para entender este milagro tecnológico hay que retroceder a 1948. El presidente de la cadena de supermercados Food Fair acudió al Drexel Institute of Technology de Filadelfia suplicando a los ingenieros que crearan algún método automático para acelerar el paso por caja. Con la inflación disparada y miles de referencias nuevas llenando los estantes tras la Segunda Guerra Mundial, las colas kilométricas y los errores humanos al teclear manualmente estaban arruinando a las tiendas.

Un joven profesor llamado Norman Joseph Woodland se obsesionó con el reto. Un día de invierno, sentado en la playa de Miami Beach pensando en el código Morse que había aprendido de niño en los Boy Scouts, hundió cuatro dedos en la arena y los arrastró hacia sí. Miró las huellas en la arena y tuvo una epifanía: si en lugar de puntos y rayas sonoras utilizaba líneas paralelas finas y gruesas, cualquier sensor óptico podría «leerlas» como ceros y unos.

Woodland y su socio Bernard Silver patentaron la idea en 1952 bajo el concepto de «ojo de buey» (círculos concéntricos para poder leerse desde cualquier ángulo). Sin embargo, la idea era demasiado avanzada para su tiempo: el primer prototipo utilizaba una bombilla incandescente de 500 vatios que calentaba tanto que casi prendía fuego al papel, y los ordenadores aún pesaban toneladas y costaban millones. Hubo que esperar más de dos décadas a que dos tecnologías maduraran: el láser de helio-neón y los microprocesadores comerciales de IBM diseñados por George Laurer, quien adaptó las barras al formato rectangular lineal que hoy todos conocemos como código UPC.

El monstruo tecnológico de 1974 vs. Tu TPV actual

El equipo de 1974 (Marsh Troy)
  • Escáner Spectra-Physics: Ocupaba todo el hueco inferior de la caja registradora y pesaba más de 50 kg.
  • Cerebro: Mainframe central IBM 3660 conectado a terminales pesados de tubo.
  • Inversión: Cientos de miles de dólares de la época; requirió reforzar el suelo del supermercado.
Un punto de venta moderno (2026)
  • Lectores 2D / Imager: Del tamaño de una palma de mano, sin partes móviles y capaces de leer pantallas móviles y códigos QR en 0,05 s.
  • Software TPV ágil: Procesamiento instantáneo de promociones, stock multi-almacén y facturación electrónica integrada.
  • Conexión total: Cobro automático con cajones inteligentes enlazados en tiempo real.

El pánico de los consumidores y las teorías conspirativas

Aunque hoy nos parece el estándar universal incuestionable, en 1974 la implantación del código de barras desató un auténtico terremoto social:

La verdadera revolución: El nacimiento del control de inventario en tiempo real

La gran victoria del código de barras no fue solo ahorrarle 3 segundos a cada cliente en caja; fue transformar por completo la trastienda y la gestión empresarial.

Hasta ese 26 de junio de 1974, ningún comercio sabía a ciencia cierta cuánto stock tenía hasta que realizaba el temido inventario físico anual: cerrar la persiana durante dos días y contar a mano lata por lata. Con el escaneo en el TPV, cada vez que sonaba el pitido, una unidad se restaba automáticamente del inventario. Los supermercados empezaron a predecir la demanda, automatizar los pedidos a proveedores y reducir el desperdicio de alimentos a mínimos históricos.

¿Qué pasó con aquel famoso paquete de chicles? Hoy en día, aquel paquete original de Wrigley’s Juicy Fruit de 67 centavos y una sección del mostrador de caja original de Marsh están expuestos con honores de estado en el Museo Nacional de Historia Americana del Smithsonian en Washington D.C., al lado de inventos como la bombilla de Edison o el teléfono de Bell.

Hoy en día, en sectores como comercio minorista y boutiques o supermercados y carnicerías, la velocidad de escaneo con lectores 2D de alta precisión y balanzas integradas es la auténtica columna vertebral del negocio.


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Escrito por Redacción Técnica KlaroPOS

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